Era el último partido y todo estaba perdido. La eliminatoria se había decantado ya por los catalanes. El colocador representaba a la comunidad de Madrid y había sucumbido ante Cataluña días antes y por Castilla también. Estába él y su equipo fuera del campeonato de España que jugaría el equipo de Cataluña, pero no ninguno de ellos dos.
Solo pasaba uno. Habían viajado a tierras catalanas los Castellanos y los Madrileños para sucumbir por ellos. Si él era el colocador de Madrid. Si habían ido para ganar.
Las gradas estaban llenas de chicas. Habían viajado el equipo femenino por completo con ellos para jugar también la criba para el campeonato de España. Las chicas estaban en el mismo hotel que ellos alojados y ahora les veían perder. Y ocurrió lo que no debía ocurrir un partido perdido nada más empezar el sector con ellas en la grada. Pero Madrid no sucumbió entera en Cataluña, porque ellas las chicas ganaron en el sector. Fueron primeras y si jugarían el campeonato de España. Todo un equipo femenino respetando el dolor de los perdedores. Todo un equipo triunfante femenino viendo sucumbir al masculino. Incluido las jugadoras que representan como ellos la Comunidad de Madrid,, incluido ellas delante del derrotado colocador.
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